Mirarnos sin que nada cambie, sin que nada perezca; intactos, perfectos.
viernes, 30 de diciembre de 2011
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Mirarnos sin que nada cambie, sin que nada perezca; intactos, perfectos.
jueves, 20 de octubre de 2011
¿"Pa" qué?
La verdad es que no sé. O sea, no sé en general. No sé. Ni puta idea. Y un movimiento continuo y lento de hombros de arriiiiiiiiibaaaaaaa… a abaaaaaaajoooooo, de cejas que oscilan de la misma manera y de boquita de piñón que se comprime en el gesto, creo que universal, de “no sé”. Y sobre la cabeza en letras de neón, bien grandotas e intermitentes, las preguntas: ¿hacia dónde?, ¿cómo? y sobretodo… ¿”pa” qué?.
Eso es: un gran ¿”pa” qué? ocupándolo todo.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
¡Ánimo valiente!
lunes, 6 de junio de 2011
¡CUIDADO!... estoy empezando a bostezar...
Cuando en una situación concreta cae la gota que colma el vaso (en el vaso del hastío) entonces que el aburrimiento-hartazgo se confabule con la rabia para parir:
¡EL GRAN CAMBIO!
La formula es la siguiente: RABIA cocktelMolotov + ABURRIMIENTOdeEstarMAL
A veces aburrirse de una enfermedad ayuda a curarla.
Aburrirse en un trabajo hace que decidas dejarlo.
Aburrirse en una relación te empuja a partir.
Los bostezos en el alma son grandes revolucionarios... aunque no lo parezca.
lunes, 6 de diciembre de 2010
¿Ideal? No, gracias.
miércoles, 20 de octubre de 2010
Quiero decir:
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!
…aplausos…
…gracias…
domingo, 10 de octubre de 2010
Dejar de una vez de esperar al enemigo.
Debo reconocer, haciéndome un poco la remolona, que no es la peor época de mi vida, pero sin duda la mejor tampoco es. Me hallo en tierra de nadie, intentando ubicarme entre estar terriblemente mal y desequilibradamente bien. Cada latido de mi corazón en un lado opuesto, un latido en la oronda felicidad y al latido siguiente engullida por la tiniebla.
Pero al menos hay un deseo que siempre permanece, uno inamovible de raíces profundas y convicción de fanático: el deseo salvaje, honesto y absoluto de serenidad, paz para sosegar al alma, certezas sólidas, tranquilidad existencial... el deseo imperioso de dejar de una vez de esperar al enemigo.